“Partículas”: el libro que entrelaza física, poesía e ilustración para explorar el mundo subatómico

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La física teórica y académica del Instituto de Física de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigadora asociada del Instituto Milenio SAPHIR, Giovanna Cottin, es autora de Partículas, una obra ilustrada y diseñada por Silvia Lazzarino que propone una aproximación poco habitual al mundo subatómico: hacer dialogar la física de partículas con la poesía, la prosa y la ilustración. 

Construido desde el rigor científico, pero también desde la sensibilidad y el cuidado de cada uno de sus detalles, el libro busca abrir nuevas formas de acercarse a aquello que constituye la materia y aportar, desde una vereda diferente, al fortalecimiento de la cultura científica en Chile.

¿Qué tienen en común un quark, un gluón, un neutrino o el bosón de Higgs con una décima? A primera vista, podrían parecer habitantes de mundos completamente diferentes. Los primeros pertenecen al lenguaje con que la física contemporánea intenta comprender los constituyentes fundamentales de la materia; la segunda, a una tradición poética cuya estructura obliga a condensar ideas, imágenes y emociones en apenas 10 versos octosílabos.

Es precisamente en ese encuentro donde se sitúa Partículas, una obra escrita por Giovanna Cottin, académica del Instituto de Física UC e investigadora asociada del Instituto Milenio SAPHIR, e ilustrada y diseñada por Silvia Lazzarino, bióloga, diseñadora, comunicadora científica e ilustradora.

El libro nace de una convicción que atraviesa todo el proyecto: ciencia y arte no tienen por qué transitar por caminos separados. Por el contrario, cuando ambos lenguajes se encuentran pueden surgir nuevas maneras de observar, interpretar y comunicar el mundo. En Partículas, ese encuentro fue trabajado cuidadosamente, haciendo de la poesía, la ciencia, la ilustración y el propio diseño editorial partes de una misma propuesta.

Concebido como un libro de poesía informativo, Partículas busca generar asombro y entendimiento en torno a los constituyentes subatómicos fundamentales de la materia: componentes tan diminutos que no podemos observarlos a simple vista, pero cuya existencia es determinante para comprender la naturaleza y el mundo que habitamos. Mediante un lenguaje poético en textos e imágenes, acompañado de un cuidado diseño editorial, la obra invita a sus lectores y lectoras a realizar un viaje simultáneamente hacia lo inmenso y lo diminuto.

 

Mirar las partículas desde otro lenguaje

El origen de Partículas se encuentra en una inquietud que para Cottin trasciende las fronteras entre disciplinas: el deseo de comprender la realidad. Si la física constituye una de las herramientas con las que ha desarrollado esa búsqueda durante su trayectoria científica, las palabras y la poesía han formado también parte de su manera de observar e interpretar el mundo.

“Nace desde el querer comprender la realidad que me rodea en profundidad. La ciencia y la poesía son hoy mis fuentes de inspiración para tratar de entender el mundo. Y de entenderme a mí misma”, explica la investigadora.

La relación de Cottin con la escritura no surge exclusivamente con este proyecto. Además de su trabajo en fenomenología de partículas elementales, ha desarrollado distintas iniciativas de comunicación pública de la ciencia y, en el marco de Niñas Atómicas, iniciativa que cofundó junto a la investigadora Francisca Garay, ha utilizado anteriormente la poesía para sintetizar y comunicar experiencias vinculadas con la ciencia.

En Partículas, sin embargo, ese vínculo adquiere una nueva dimensión. Las propias partículas pasan a ocupar el centro de la creación poética. “Siempre he escrito, amo las palabras y lo que las palabras pueden hacer en la poesía. Tratar de juntar el lenguaje poético con el de las partículas me resultó muy necesario, tenía que hacerlo”, señala Cottin.

La escritura se transforma así en otra forma de aproximarse a aquello que conoce desde la física. Para la autora, el ejercicio de sintetizar conceptualmente las partículas en unos pocos versos, escogiendo palabras precisas pero capaces al mismo tiempo de generar una respuesta emocional, permitió “evidenciar de otra manera su impacto y relevancia”.

10 versos para viajar hacia lo más pequeño

La elección de la décima es uno de los elementos centrales de Partículas. Su estructura —10 versos octosílabos— impone límites y exige precisión. Y es precisamente dentro de esos límites donde Cottin encontró una forma de tender un puente entre el conocimiento científico y el lenguaje poético.

Transformar años de conocimiento sobre física de partículas en poesía supuso un ejercicio exigente de selección. Frente a objetos de estudio sobre los que existe una enorme cantidad de información, una de las principales dificultades fue decidir qué aspecto de cada partícula debía permanecer cuando las matemáticas, los modelos y el lenguaje técnico daban paso al verso.

“Fue muy emocionante y de mucha edición rigurosa personal. Fue difícil elegir qué destacar de cada partícula. Tenía muchas cosas que decir al comienzo, pero tenía que ordenarme”, relata.

La décima ofreció entonces una estructura particularmente fértil. “En ese espacio debo saber muy bien qué quiero decir. Es certero. Es eficiente. Es elegante”, sostiene Cottin.

Pero ese ejercicio implicó también cambiar la escala desde la cual observar su propio objeto de investigación. En lugar de aproximarse a las partículas exclusivamente desde sus propiedades, ecuaciones o modelos, la autora buscó tomar distancia y contemplarlas desde una perspectiva más amplia. “Eso traté de hacer con estas diminutas partículas, verlas desde lo amplio, no desde lo técnico. Verlas desde la emoción que me transmite el saber que existen. ¡Y de que las puedo versar!”, explica.

De esta manera, la décima se convierte en mucho más que una forma literaria escogida para comunicar ciencia. Funciona como uno de los puntos de ensamblaje de la obra: un espacio donde el rigor que exige seleccionar conceptos fundamentales se encuentra con la musicalidad, la sensibilidad y la capacidad evocadora de la poesía.

El proceso terminó generando, además, un movimiento de regreso hacia la propia ciencia. Escribir sobre las partículas significó estudiarlas nuevamente, jerarquizar conceptos y preguntarse qué las define. “En este proceso aprendí sobre décimas y mucho más sobre mis partículas, ya que tuve que extraer sus principios y conceptos”, afirma Cottin. Una operación que, reconoce, mantiene un paralelo con su actividad como física teórica y con la manera en que desarrolla y define sus líneas de investigación sobre partículas hipotéticas: “Aquí lo hice de otra manera”.

Dar una imagen a lo invisible

Si la poesía permitió aproximarse a las partículas desde un lenguaje diferente, la dimensión visual del libro enfrentó otro desafío: ¿cómo construir imágenes para conceptos y fenómenos que, por su propia naturaleza, escapan de nuestra experiencia cotidiana?

Esa tarea estuvo a cargo de Silvia Lazzarino, cuya trayectoria se ha desarrollado precisamente en los cruces entre ciencia, ilustración y diseño. Formada en biología, diseño y comunicación científica, Lazzarino asumió por primera vez el desafío de trabajar desde la ilustración con el lenguaje de la física.

“Era la primera vez que me tocaba trabajar con el lenguaje de la física desde el diseño y la ilustración”, explica. Por ello, el proceso comenzó con una verdadera inmersión en el mundo de las partículas: largas conversaciones con Cottin, lectura de los textos, revisión de artículos, videos, conferencias, charlas e imágenes y una investigación sobre las historias que acompañaron el descubrimiento de cada partícula.

“Busqué referencias, pero no encontré tanto. Creo que en eso es un libro bastante pionero en sus cruces”, señala Lazzarino.

El desafío no consistía en generar una representación literal de aquello que la física describe, sino en construir un universo visual capaz de interpretarlo. “A partir de esa nube de ideas fui trabajando cada ilustración, que busca interpretar todo eso que convive alrededor de las partículas”, explica.

En esa nube aparecen fórmulas, objetos vinculados con la detección de partículas, episodios de la historia de la ciencia, elementos cotidianos, conceptos abstractos y palabras extraídas de las propias poesías. Cada partícula fue adquiriendo así una identidad visual particular: los quarks aparecen asociados a una melodía y una simetría que surgen desde una partitura; los gluones, a la cohesión que permite la existencia de la materia y de las formas de vida; mientras que el bosón de Higgs aparece evocado como un velo que entrega masa a otras partículas.

Un libro pensado también como objeto

La dedicación puesta en Partículas se extiende más allá de sus textos e ilustraciones. El propio libro fue concebido como un objeto capaz de evocar algunas características del universo que busca explorar.

“Con Giovanna mantuvimos siempre una conversación para ir construyendo el libro. Y es que un libro es tanto más que sus textos y sus imágenes”, relata Lazzarino.

De ese diálogo surgieron decisiones que atraviesan la experiencia material de la obra: un formato pequeño que remite a la escala de las partículas; juegos con el papel y las transparencias; portadillas que permiten el ingreso de la luz a través de pequeños agujeros; una cubierta blanca cuyo título en sobrerrelieve puede ser “detectado” mediante el tacto; y una paleta cromática en la que cada partícula posee un color que permite orientarse entre las páginas.

El diseño, de esta forma, no opera como un elemento añadido una vez terminados los contenidos. Forma parte de la narrativa del libro y de la manera en que este invita a aproximarse al mundo subatómico.

También las manos que aparecen recurrentemente en las ilustraciones tienen una intención. Representan la búsqueda humana detrás del conocimiento y, especialmente, el carácter colectivo de la ciencia. “Un par de manos representa ese gesto de búsqueda que Giovanna menciona en el verso de entrada: tantas personas de tantos lugares trabajando de manera colaborativa para encontrarlas, estudiarlas, entenderlas”, explica Lazzarino.

El proceso creativo fue evolucionando mediante bocetos, pruebas, conversaciones y asociaciones. Para enfrentarse a un lenguaje que reconoce como mucho más abstracto que el de las ciencias biológicas con las que estaba familiarizada, Lazzarino comenzó estableciendo relaciones con aquello que podía observar: fotón, luz; luz, sol; sol, rayos atravesando las ramas.

Desde allí fueron apareciendo conceptos e imágenes relacionados con “lo infinitamente diminuto”, “lo infinitamente inmenso”, “fantasmas del universo”, “bloques”, “retazos” o “búsqueda”, hasta conformar el universo visual de las distintas partículas.

Nada de ello ocurrió de manera aislada. “Eso siempre fue algo que fuimos pimponeando con Giovanna”, recuerda Lazzarino. Cottin proponía elementos, revisaba aspectos científicos —desde conceptos hasta las letras griegas de las fórmulas— y preguntaba por las decisiones interpretativas detrás de determinadas imágenes. El resultado fue surgiendo de ese intercambio permanente.

Existe, además, una dimensión personal detrás de esa colaboración: Cottin y Lazzarino son amigas desde los 10 años. Una historia compartida que, para la ilustradora, también incidió en la libertad y confianza con que pudieron construir la obra. “Pienso que el diálogo y la confianza entre nosotras permitió que la poesía también apareciera de esa forma”, sostiene.

Arte y ciencia: distintas maneras de entrar a una misma pregunta

Partículas se construye así desde una premisa que atraviesa cada una de sus páginas: acercar la ciencia a nuevos públicos no significa necesariamente simplificarla. También puede significar multiplicar los lenguajes desde los cuales podemos encontrarnos con ella.

Poesía, prosa, ilustración y diseño no aparecen aquí como recursos accesorios destinados a hacer más amable un contenido científico. Son formas distintas de mirar una misma realidad y, precisamente por ello, permiten que cada lector o lectora pueda aproximarse al mundo subatómico desde un lugar diferente.

“Trabajar un tema como la física teórica, que puede resultar lejano, abstracto o árido para muchas personas, desde el lenguaje de la literatura, el diseño y la ilustración, permite revelar una riqueza que el lenguaje científico por sí solo no siempre alcanza a transmitir”, sostiene Lazzarino.

Ese cruce abre distintas capas de lectura: se puede entrar desde la curiosidad científica, pero también desde una imagen, una palabra, una asociación, una emoción o simplemente desde el asombro frente a la posibilidad de que todo aquello que observamos esté constituido por componentes infinitamente pequeños.

“Creo que ahí está una de las grandes posibilidades de este diálogo entre arte y ciencia: no necesariamente hacer que los conceptos complejos sean más simples, sino encontrar nuevas maneras de relacionarnos con ellos, de hacerlos cercanos y de abrir un espacio sensible para la curiosidad y el asombro”, agrega.

Una obra para sumar ciencia a nuestra cultura

En ese punto, Partículas trasciende también su dimensión de libro informativo. Su propuesta permite plantear una pregunta más amplia sobre el lugar que ocupa la ciencia dentro de nuestra cultura y sobre las maneras en que el conocimiento científico puede incorporarse a los imaginarios que compartimos como sociedad.

La física de partículas puede parecer distante de la experiencia cotidiana. Sin embargo, las preguntas que intenta responder —de qué está hecha la materia, cuáles son las fuerzas que estructuran el universo o qué componentes de la naturaleza todavía desconocemos— pertenecen a una búsqueda profundamente humana.

Acercarlas desde la poesía, la ilustración y el diseño permite situarlas también en el terreno de la cultura. Y en una sociedad contemporánea atravesada por la ciencia y la tecnología, construir esos puentes se vuelve particularmente relevante. La cultura científica no se fortalece únicamente mediante la transmisión de conocimientos: también crece cuando la ciencia se convierte en parte de nuestras conversaciones, nuestras imágenes, nuestras preguntas y nuestras formas de creación.

En Chile, obras como Partículas pueden contribuir precisamente a ampliar ese espacio. Al encontrarse con sus lectores desde una vereda diferente a la de los formatos tradicionales de divulgación, el libro propone que la ciencia pueda ser leída, contemplada, tocada e incluso sentida; que pueda dialogar con expresiones culturales que forman parte de nuestra historia y sensibilidad, como la décima, y desde allí generar nuevas aproximaciones al conocimiento.

Esa es también la expectativa de Cottin cuando piensa en el momento en que el libro comience a encontrarse con sus lectores y lectoras. “Espero que lo disfruten, que ojalá encuentren algo especial allí”, señala.

“Partículas es una obra original. Trata de comunicar en tres lenguajes distintos que danzan y dialogan entre sí: poesía, prosa e ilustración”, agrega la autora. Y es justamente en esa danza donde se encuentra buena parte de su propuesta: construir una mirada diferente sobre el mundo subatómico y permitir que aquello que habitualmente conocemos mediante ecuaciones, experimentos y modelos pueda ingresar también al territorio de las palabras, las imágenes y las emociones.

“Creo que la contribución es esa. Una mirada diferente del mundo subatómico y de las partículas elementales que lo componen, para acercarlas a un mundo macroscópico que pide a gritos por más pensamiento científico y más poesía”, concluye Cottin.

Antes de su lanzamiento, Partículas comienza así a abrir una invitación a la comunidad: mirar aquello que no podemos ver, dejarse sorprender por los componentes fundamentales de la materia y descubrir que ciencia y arte pueden encontrarse sin que ninguno de los dos lenguajes pierda su identidad.

Detrás de sus páginas hay investigación, escritura, conversación, dibujo, diseño, pruebas y correcciones, pero también una voluntad explícita de construir la obra con cuidado y sensibilidad. Un libro hecho desde el conocimiento, pero también desde el cariño puesto en cada detalle y desde la convicción de que comprender el universo puede ser, al mismo tiempo, un ejercicio científico, poético y profundamente humano.

En ese viaje desde las partículas hasta la décima, desde las fórmulas hasta las ilustraciones y desde lo infinitamente pequeño hasta nuestra experiencia cotidiana, Partículas propone finalmente un ensamblaje entre arte y ciencia que resulta especialmente necesario para la sociedad contemporánea: uno capaz de ampliar nuestra cultura científica y de incorporar la búsqueda por comprender la naturaleza al patrimonio cultural que construimos colectivamente.



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